Canal Sur ha eliminado Canal 2 Andalucía hace ya un tiempo por motivos de ahorro presupuestario, cadena que estaba fundamentalmente dedicada a la Cultura y a la Educación, pero no le falta pasta para retrasmitir en el Día de la Patria, 12 de octubre, una Corrida de Toros que costará un dineral.

Todo sigue igual con Susana Diaz que ya defendió nada más tomar posesión las escuelas taurinas de Andalucía. También los toros sufrieron este 12 de octubre en Sevilla con la tortura de toros benefica a favor del Banco de Alimentos. Como en todos estos lavados de imagen de la sangrienta tauromaquia será imposible enterarse además de cuanto es el dinero recaudado finalmente.

Menos mal que Antonio Muñoz Molina publicó  un inmenso artículo ayer 12 de octubre en Babelia:

“Quizás el ministro de Educación y Cultura aproveche su asistencia al congreso del español en Panamá para enorgullecerse del logro más sólido de su mandato: la declaración de la fiesta de los toros como bien de interés cultural. Es una vieja tradición de la carcundia española. Fernando VII ya cerró universidades y fundó escuelas de tauromaquia.”

Anuncios

El nuevo Premio Principe de Asturias, Antonio Muñoz Molina, es junto a Manuel Vicent uno de los destacados antitaurinos que escriben en el diario El País. Por cierto que el último ensayo de Molina “Todo lo que era sólido no está en ninguna de las bibliotecas de la Universidad de Córdoba.

El sábado catorce de junio del 2008 me sorprendió Antonio Muñoz Molina con su artículo titulado “Arte de Matar” claramente contra la tortura de toros. Muñoz Molina también se une a los famosos que ponen su voz contra la tauromaquia. Ya al menos son dos en el diario El País. Hago un extracto de lo que más me ha llamado la atención en el artículo:

Creíamos que la libertad, al ventilarnos el país, iría despejando toda esa panoplia de espectros; que el ejemplo de nuestra democracia y la riqueza de nuestra mejor tradición ilustrada disiparían poco a poco en el mundo la fama negra de España.

Quién nos iba a vaticinar que bien entrado el nuevo siglo todo aquello que nos repugnaba por pertenecer a los peores residuos del pasado regresaría convertido en modernidad, incluso en sofisticación. Una mezcla letal de ignorancia, penuria cívica y especulación urbana se ha llevado por delante muchos de nuestros paisajes más hermosos y destruido para siempre el legado de nuestra arquitectura popular: del pasado ahora lo único que queda, lo que se celebra, lo que se conmemora, es lo más retrógrado, ahora convertido en cool, elevado a la categoría inatacable de cultura autóctona, incluso de arte de vanguardia.

Puedo comprender que mi padre se conmoviera viendo una corrida de toros: ahora veo la foto de un torero en la primera página de los periódicos más serios, leo los ríos de prosa artístico-taurina que vuelven a derramarse, y siento vergüenza de mi país, y un aburrimiento sin límites. (más…)

Invasion zona peatonal de la Mezquita en plena Semana Europea de la Movilidad. Ya la doble fila de coches tapona el monumento único en el mundo

Invasion zona peatonal de la Mezquita en plena Semana Europea de la Movilidad. Ya la doble fila de coches tapona el monumento único en el mundo

Un interesante artículo de Muñoz Molina de febrero del 2012 donde introduce en su discurso la religión del coche que tantos destrozos ha causado en nuestro medio urbano y natural:

“”Hacia la mitad del siglo pasado ocurrió algo semejante con la religión de los coches. No bastaba con usarlos de manera juiciosa en los recorridos para los que fueran más prácticos.

Había que sacrificarles ciudades enteras, que eviscerar el tejido del transporte público y borrar la posibilidad de la caminata, del recorrido en bicicleta. En ciudades como Los Ángeles, el coche no sustituyó al transporte público por una evolución natural del progreso, sino en virtud de un proyecto perfectamente calculado de hegemonía que impusieron los fabricantes de coches y las compañías petrolíferas, y que acabó en poco tiempo con la red de tranvías más extensa y más eficiente del mundo.

Ha hecho falta casi un siglo para que vuelva a descubrirse la novedad arcaica de los tranvías, de las ciudades compactas, mucho más sostenibles, de las ventajas para la salud y para el medio ambiente de ir en metro o en autobús, de ir a pie o en bicicleta.””

Intervencion Fondos Feil Plaza cercana Plaza de las Magras materiales duros.

Intervencion Fondos Feil Plaza cercana Plaza de las Magras materiales duros. Córdoba. España.

Hace unos días se hablaba en la prensa de Córdoba de la nueva intervención en la Plaza de Juan Bernier . Esta plaza que ya se reformó en tiempos del alcalde Herminio Trigo hace bastantes años fue el comienzo de la denominada ola gris en Córdoba.

Plazas hechas a base de granito sin prácticamente un sólo árbol y que en verano se convierten en auténticos captadores solares que alcanzan casi los 80 grados, dedicándose a radiar por la noche y a contribuir a la llamada isla térmica de la ciudad.

Muñoz Molina describe en un artículo esta sensación de desolación que le producen estas intervenciones urbanas en su ciudad natal Ubeda:

“La primera vez que vi lo que habían hecho con esa plaza que era el corazón de mi ciudad se me puso en la garganta un nudo de congoja.

Ahora vuelvo y la miro y la costumbre no mitiga el escándalo. Con la lógica peculiar de la renovación urbana, se ha considerado que en una ciudad donde hay varios meses de calores saharianos su plaza central no necesita árboles, salvo un par de naranjos escuálidos que difícilmente pueden prosperar en los inviernos mesetarios.

A mediodía, desde mi esquina a la sombra, alzando los ojos del periódico, veo a la gente que se atreve a cruzar la plaza arriesgándose a un síncope, buscando a toda prisa el alivio de los soportales. Aparte de sus ventajas estéticas, el aparcamiento tiene la virtud práctica de atraer más tráfico hacia el centro de la ciudad, atascando las calles estrechas que llevan a él, algunas de las cuales están además levantadas gracias a la misma catástrofe de obras en gran medida innecesarias que azota al país entero. Algunos de los coches que hacen cola para entrar en el aparcamiento llevan las ventanillas abiertas y emiten a volumen sísmico una música de discoteca al parecer muy del agrado de los policías municipales que pastorean el tráfico.

En las noches calurosas, con los balcones abiertos, la música de los coches, los rugidos de las motos y la algarabía alcohólica del botellón animan las plazuelas y los callejones de mi barrio de San Lorenzo, que de otro modo estarían sumidas en un anticuado silencio.

Iglesias y palacios se van hundiendo literalmente en el abandono mientras se tiran ríos de dinero cambiando sin ninguna necesidad antiguos pavimentos enlosados o empedrados por groseros baldosones de terrazo. Vuelvo a la hermosa plaza de Santa María y no puedo cruzar su limpia perspectiva porque está entera convertida en una zanja. Un amigo que vive en la ciudad me cuenta que los trabajadores, como no disponen de instalaciones con aseos, usan como urinario la fachada de la iglesia del Salvador.

En el curso de una generación se ha destruido para siempre lo que tardó siglos en hacerse. Lo que se está robando a quienes vengan detrás no es una memoria sentimental y un paisaje urbano que fue único, sino también una forma de disfrute de la vida y de prosperidad. Donde hubo perspectivas de huertas y de casas blancas que llamaban desde los caminos lejanos ahora hay bloques horrendos que se amontonan los unos sobre los otros para mayor beneficio de los constructores.

Viajando por Europa uno descubre con envidia cómo en pueblos pequeños y en ciudades provinciales el cuidado en la preservación de lo más valioso del legado del tiempo es perfectamente compatible con el progreso tecnológico y tiene la ventaja práctica de hacer la vida más gustosa y crear una duradera riqueza: en España se empieza por arrasarlo todo. Cuanto más se alimentaban los orgullos locales y las lealtades vernáculas a lo largo de los últimos treinta años más impunemente se han destruido los paisajes.

El orgullo local separado de la conciencia cívica es paletería, igual que el patriotismo sin ciudadanía es fanatismo. Se inventan pasados y se alimentan nostalgias rústicas al mismo tiempo que se impone la ignorancia y se borran las huellas del pasado verdadero, el que habría sido tan fértil para mejorar el porvenir.”

El artículo completo titulado “Desolación de Volver” aquí.

Manada de Cochistas en sus Coches. El Roto.

Manada de Cochistas en sus Coches. El Roto.

Muñoz Molina aparte de reconocido antitaurino es también un defensor de los peatones, los árboles y en un artículo reciente derrocha prosa sobre esas odiosas ciudades concebidas para ser reino del cochista:

“Los terribles expertos dictaminaron que cualquier obstáculo que se interpusiera a la circulación de los coches merecía acabar en los mismos basureros de la Historia a los que según Trotski estaban condenados quienes se resistieran a la revolución soviética. Para el advenimiento de la nueva civilización las ciudades resultaban un enojoso obstáculo. No sólo estaban hechas de calles estrechas y de edificios vulgares agregados a lo largo de épocas diversas: también estaban habitadas.

Y la gente que las habitaba vivía y trabajaba en un desorden que sacaba de quicio a los entendidos, partidarios de que cada cosa se hiciera racionalmente en su sitio, de acuerdo con los planes utópicos que ellos mismos diseñaban, llenos de preocupación paternal por el bienestar de ese populacho, pero poco amigos de observar de cerca cómo eran sus vidas. El remedio contra los males, desde luego verdaderos, del hacinamiento y la pobreza, era el derribo, y tras él la autopista y la imposición del coche. A la destrucción de los barrios populares de Nueva York el planificador urbano Robert Moses le daba un nombre inapelable, aunque también involuntariamente siniestro: “La guadaña del progreso”….

En 1961, cuando Washington Square y las calles del Village ya no corrían peligro gracias al movimiento de rebeldía iniciado por ella, Jane Jacobs escribió su hermoso manifiesto en defensa de las ciudades caminadas y vividas, The Death and Life of Great American Cities. Murió el año pasado, una anciana diminuta y bravía comprometida hasta el final en la defensa de esa forma frágil y necesaria de vida en común que es la civilización y que no puede existir sin las ciudades.

Un libro recién salido -Wrestling with Moses, de Anthony Flint- cuenta la crónica de su rebelión y conmemora su legado. En el corazón desventrado de Madrid, lleno de zanjas y de máquinas empeñadas en obras demenciales por culpa de un alcalde ebrio de megalomanía y de despilfarro que ahora amenaza insensatamente el paseo del Prado, yo me acuerdo de Jane Jacobs y me pregunto melancólicamente si sería posible aquí una rebelión como la suya, un levantamiento cívico que salve a Madrid de expertos y de políticos y de especulares y le permita ser una ciudad civilizada.”

(Antonio Muñoz Molina, Diario El País 22 de agosto del 2009)