Copio más abajo una carta al director publicada en el Diario El País que hace referencia al colmo del desmantelamiento ferroviario que se viene llevando a cabo en España. En Córdoba ya suprimieron hace 6 años, en 2010, el tren hotel a Barcelona para que la gente no tuviera más remedio que coger el AVE y pagarse noches de hotel en la capital condal. Aquí una recogida de firmas para que no supriman el ferrocarril nocturno.

Renfe acaba de eliminar el último tren expreso nocturno que circulaba en España, el tren Estrella Costa Brava que unía Barcelona y Madrid. Sus precios base, mucho más baratos que los del AVE, lo hacían el preferido de estudiantes, militares, familias numerosas y de la amplia base social que no podemos pagar la alta velocidad.

Para compensar la suspensión de este servicio, Renfe anuncia el aumento de plazas a bajo coste en el primer y último AVE de cada día. Eliminan un tren de esencia barata y nos lanzan a un tren elitista muy caro al que, para lavar su imagen, le ponen un número de plazas baratas. Tengo cuatro hijos y, a día de hoy, un Madrid-Barcelona para el puente del 1 de mayo nos costaría exactamente 819,60 euros a los seis (¡y faltan 22 días para el puente!). El expreso Costa Brava, en litera, nos salía por 350 euros ida y vuelta. “Es el progreso, oiga”, me dicen en ventanilla.

A menudo me pregunto ¿para qué el progreso?, ¿a costa de qué?, ¿a quién beneficia? Desde estas líneas pido a Renfe la restitución del tren Estrella Madrid-Barcelona.— Xavier Pifarré Martínez.

Ya hemos comentado en otros artículos que la crisis está permitiendo que salgan comentarios críticos con la política del PSOE y del PP de gastar dinero a espuertas en el tren de élite AVE y abandonar totalmente la inversión en el transporte cotidiano. A destacar el artículo publicado en el diario El País el 30 de diciembre del 2010 titulado: “AVE como si fueramos ricos.” Extracto algunas declaraciones del artículo.

A ecologistas, sindicatos y plataformas cívicas por la sostenibilidad, sin embargo, la política practicada les parece un auténtico error, típica de nuevo rico. “La gran diferencia entre España y otros países de Europa es que allí se planifica servicio y en España, solo infraestructura”, lamenta Pau Noy, miembro de la Fundación por una Movilidad Sostenible y Segura. “Aquí lo vital es tener el AVE, no si sirve, si es caro o cuántos viajeros tiene”, critica.

¿Por qué gastarse una fortuna -6.000 millones de euros- en este AVE, que, según las previsiones oficiales, tendrá 3,5 millones de pasajeros el primer año? Una insignificancia frente a los 400 millones de personas que utilizaron las Cercanías de Renfe en 2009. José Luis Ordóñez, portavoz de la Coordinadora Estatal en Defensa del Ferrocarril Público, remacha: “Cada día se hacen dos millones de viajes en los trenes de Cercanías, mientras en el AVE Madrid-Sevilla son 13.000. Si el dinero invertido en alta velocidad lo hubiésemos gastado en el tren normal, tendríamos siete veces más ferrocarril del que tenemos”.

Pero la época de grandes fastos y grandes inversiones terminó con la crisis y los críticos con esta política de AVE para todos exigen al Gobierno un modelo más racional. Si la construcción de un kilómetro de ferrocarril normal cuesta unos 3 millones de euros, el de alta velocidad oscila entre los 12 y los 30, en función de la orografía del terreno.

“Es un modelo segregacionista que expulsa a los jóvenes al autobús y a la carretera porque la alta velocidad es cara”, critica Noy. Y dice más. Con mucho menos dinero se hubiera podido adaptar toda la red ferroviaria española sin necesidad de trazados de nueva planta, solo adaptándolos a velocidades más altas.

Algunos comentarios muy interesantes: “Too late Too little, demasiado tarde demasiado poco dicen los americanos. Tarde, porque ya se han adjudicado las obras y los presupuestos,… poco, porque no se dice que del billete de AVE, el contribuyente viene a poner la mitad, tanto si toma como si no toma el tren. No hay transporte que esté más subvencionado, y subvencionar un lujo, no sólo es un lujo, sino una estupidez y una gran injusticia. ¿Qué hay de malo en tardar un poco más y pagar la mitad?”

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