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Interesante artículo de Zigor Aldama en el País salmón del 5 de enero del 2020 sobre el derroche de dinero público en infraestructuras inútiles o de poca rentabilidad que construyen en China.

Ya sabemos que las infraestructuras de movilidad flipan a los políticos en los países más corruptos pues implican buenas mordidas, apoyar al lobby de las constructoras y asegurarse en el futuro las puertas giratorias.

Recomiendo vivamente el artículo y copio algunos párrafos interesantes.

A finales de octubre del año pasado, se inauguró el puente más largo sobre el mar, que conecta las excolonias de Hong Kong y Macao con la ciudad de Zhuhai, en la China continental. 2.000 kilómetros al sur de la capital china, el dragón de hormigón y acero que se extiende a lo largo de 55 kilómetros del mar del Sur de China aparece casi desierto. De vez en cuando lo recorren un autobús o un camión, pero sus seis carriles son claramente excesivos para el tráfico que recibe. El día de mayor tránsito desde su inauguración fue utilizado por 4.791 vehículos, la mitad de los esperados. “Actualmente, su uso ni siquiera cubre los gastos de mantenimiento del puente”, reconoce Li Jiang, ingeniero jefe y gestor de esta faraónica obra que ha costado más de 18.000 millones de euros y que ha implicado la construcción de dos islas artificiales y un túnel bajo el mar de 6,7 kilómetros.

El ingeniero de Caminos Li es capaz de justificar incluso tamaño derroche:

No obstante, Li recuerda que la vida útil del puente superará el siglo y que la económica no es la única variable que China tiene en cuenta a la hora de aprobar proyectos de infraestructuras, para los que este año ha destinado unos 134.000 millones de euros. “El puente tiene como objetivo fortalecer el modelo ‘un país, dos sistemas’ —que ha servido para integrar Hong Kong y Macao en el país respetando sus particularidades—, y articular el proyecto de integración regional del delta del río Perla.

 

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Trenes de Alta Velocidad casi sin pasajeros y bajo unas condiciones ambientales tremendas:

Es evidente que la construcción de infraestructuras en la segunda potencia mundial sirve también a objetivos políticos. Buena muestra de ello es la línea de alta velocidad que une la capital de la región noroccidental de Xinjiang con la de Gansu. Ambas ciudades están separadas por 1.776 kilómetros de llanuras desérticas azotadas por fuertes vientos y temperaturas extremas, y unirlas costó casi 18.000 millones de euros. Teniendo en cuenta el factor de ocupación de los trenes y el precio de los billetes, el proyecto jamás será rentable. (más…)