Artículo Interesante de Leandro del Moral sobre el Agua en Andalucía publicado en el periódico tabernario El Topo. Algunos fragmentos a continuación.

Pues bien, de acuerdo con los datos oficiales actuales, en Andalucía disponemos de 7 149,54 hm3 (1 hm3 es igual a 1 millón de m3) de media cada año.

Como en Andalucía vivimos 8 409 657 personas (dato de diciembre de 2016), tocamos a 850 m3 por persona cada año, es decir a 2 329 litros de agua al día por cabeza; de agua disponible, es decir embalsada o extraída de acuíferos, canalizada y distribuida en el lugar, el momento y con la calidad adecuada a los distintos usos. Una interesante cifra para empezar a discutir sobre «abundancia» o «escasez», relativa o absoluta, física, social o ecosocial.

Esta disponibilidad es resultado de una ingente intervención histórica, infraestructural e institucional, sobre el sistema hidrológico, intensificada durante los últimos 100 años de política hidráulica basada en la regulación de ríos, desecación de humedales y explotación de acuíferos.

Ni el modelo de crecimiento económico, ni el sistema urbano, ni los paisajes actuales podrían explicarse sin referencia a dicha política, que ha convertido a la mayoría de los ríos, lagunas, estuarios y acuíferos andaluces en «masas» de agua «muy modificadas» o en «mal estado ecológico», de acuerdo con la actual terminología Directiva Marco del Agua europea. En Andalucía el ciclo hidrológico ha dejado de ser un fenómeno natural (si es que alguna vez lo fue completamente) para ser una realidad socioecológica, en nuestro caso sociohidrológica.

Por supuesto que estas son cifras medias, tanto social como temporal y espacialmente, bajo las cuales se esconden diferencias muy acusadas.

La mayor parte de la población, que no es titular de ninguna concesión de regadío o industrial, consume exclusivamente en torno a 125 litros de agua potable al día (menos de 50 m3/año). Tampoco las cifras medias temporales reflejan la gran variabilidad interanual o las grandes diferencias territoriales entre el extremo occidental y oriental de la Comunidad.

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Para decirlo sintética pero claramente: el agua en Andalucía es rehén del regadío. La lógica del regadío tiene una hegemonía social, cultural y política aplastante: el aplicar el agua al riego es de sentido común. Y como las «demandas» de este sector son insaciables, la «escasez» y el «déficit» siguen creciendo, pese a que los «recursos disponibles» no han cesado de aumentar.

Con el megasistema hidráulico disponible, las demandas urbanas (aparte de situaciones locales aisladas) están técnicamente garantizadas; por eso en Andalucía no ha habido restricciones urbanas de agua masivas desde el final de la gran sequía de 1992-1995.

Esa fue la gran lección que se extrajo de aquella experiencia traumática: hay que reducir las dotaciones del regadío antes de que haya necesidad de restringir el agua a la población. Además, los consumos urbanos han descendido de manera generalizada y acusada desde entonces (el 40% en Sevilla desde 1991 a 2016), lo que ayuda a la gestión.

En la etapa más reciente, al calor de procesos globales (crisis, activación del movimiento el Derecho Humano al Agua) y locales (intensificación de dinámicas de privatización de sistemas de abastecimiento, surgimiento de grupos municipales alternativos) se ha constituido en toda España un movimiento en defensa de la gestión pública del agua (Red Agua Pública) en su dimensión urbana (abastecimiento y saneamiento).

Esta corriente, que ya ha tenido eco en páginas de números anteriores de El Topo, se está materializando en la Red Agua Pública Andalucía – Marea Azul del Sur, con una interesante, e imprescindible confluencia con el movimiento de carácter más rural, territorial y patrimonial de la RANCA, que sintoniza plenamente con la defensa del discurso antagonista frente a la privatización neoliberal. El próximo 11 de noviembre en Cádiz se celebrarán unas jornadas de la Red Agua Pública Andalucía – Marea Azul del Sur, en las que sin duda se profundizará en los aspectos discursivos y organizativos de este movimiento.

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