Venga a construir más infraestructuras de movilidad que lo dice el FMI y el G-20. Paisaje envidiable donde lo haya.

Este puente del 12 de octubre venía sembrado el País Negocios con un artículo por ejemplo dedicado a la necesidad imperiosa de invertir en infraestructuras de movilidad.

Un artículo firmado por Olivier Blanchard(economista jefe del FMI), Abdul Abiad y Carlos Mulas-Granados (Coautores de capítulos publicados por el FMI) donde siguen insistiendo en la necesidad de invertir en asfalto, cemento y hormigón.

En concreto, estimamos que un punto porcentual de incremento del PIB en el gasto en inversión pública aumentaría el nivel de producción aproximadamente un 0,4% en el mismo año y un 1,5% en los cuatro años siguientes al incremento. Esto diferencia la inversión en infraestructuras de otros tipos de gasto público, como las transferencias sociales o la adquisición de bienes y servicios por parte del Gobierno, que pueden aumentar la demanda a corto plazo, pero que no tienen un efecto duradero a largo plazo.

No se os ocurra gastar en transferencias sociales o en adquirir servicios por parte del estado, esto según los autores son transferencias no se les puede denominar inversiones. Otra vez a invertir más en hardware que en software, que insitentes para que las grandes empresas de infraestructuras se lleven el dinerito, pues claro estas cosas de lo social o la gestión pueden llevarselo autónomos o consultores o pequeñas y medianas empresas.

El viejo mito de la inversión en infraestructuras de movilidad, como ejemplo España, número dos mundial en trenes de Alta Velocidad y uno de los países del mundo con más kilómetros de vías de alta capacidad por habitante. Sin embargo somos cabeza también en paro.

En la misma línea de insistir en el viejo sendero de las infraestructuras al poderoso lobby constructor lo apoya el G-20 nada menos.

Las empresas constructoras tienen buenas perspectivas de contratos si el mensaje oficial de la asamblea del Fondo Monetario Internacional (FMI) que termina este fin de semana en Washington surte efecto. El G-20 se sumó ayer al llamamiento que el FMI ha hecho para redoblar las inversiones en infraestructuras con el fin de ayudar a la reactivación global.

No obstante, si el FMI defendió tanto a inversión pública a solas, como en alianza con el sector privado, para impulsar las infraestructuras, el G-20 ha apostado sobre todo la participación público-privada en los proyectos. El secretario del Tesoro de Australia, Joe Hockey, presidente de turno del G-20, señaló que las infraestructuras son “clave” en su plan para acelerar el crecimiento, ya que el plan es añadir 1,8 puntos porcentuales de PIB en un plazo de cinco años. Pero Hockey apuntó: “Vamos a tener que tener PPP”, en referencia a esa participación público-privada.

El mensaje para reforzar las inversiones en infraestructuras va dirigido a “países que lo necesiten”, en palabras que usó el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, pero también sencillamente a aquellos con unas cuentas públicas que lo permitan. Alemania ha sido aludida incluso explícitamente estos días en Washington, pero Berlín se resiste a aumentar su deuda pública.

La famosa formula que utilizó Gallardón para hacer la ampliación de la M-30. La financiación público-privada que convierte una obra de 347 millones de euros en en 935 millones a largo plazo (Ronda Norte en Córdoba). Por supuesto nunca hay suficientes infraestructuras de Movilidad.

Otro artículo a la semana siguiente en el Grupo Joly firmado por Rogelio Velasco que dice algunas cosas sensatas:

Pero esta elevada rentabilidad productiva, depende críticamente del stock de infraestructuras del país en cuestión y del tipo de inversión que se realice. Del país en cuestión porque no se encuentran en la misma situación digamos Mali, en donde no hay infraestructuras y cualquier inversión que se haga -y se mantenga- genera una altísima rentabilidad, que en Japón, en donde en medio de la locura por salir de la recesión en los años noventa se construyeron carreteras que no conducían, literalmente, a ningún sitio: llegaban al mar. Ahora las están cerrando porque carece por completo de sentido económico.

En general, las buenas infraestructuras de los países occidentales -excepto en EEUU- hacen que podamos esperar unas rentabilidades relativamente reducidas de esas inversiones, porque lo más importante ya está realizado.

Y del tipo de inversión de que se trate, porque no todas contribuyen de igual manera a mejorar la capacidad de crecimiento a largo plazo. Y no todas deben ser infraestructuras.

Un aeropuerto vacío genera una contribución negativa -porque hay que mantenerlo-. Como hemos comentado en otras ocasiones en este mismo diario, tampoco los tranvías que no funcionan o con escaso número de pasajeros. La liberación de peajes de autopistas tampoco generaría ningún efecto positivo a largo plazo. No conozco a ninguna empresa que cierre por pagar peajes.

Algunos de los proyectos de puertos en Andalucía tampoco van a modificar nuestra capacidad de crecimiento. Se han hecho estudios -para Sevilla y Cádiz- con unos efectos multiplicadores exagerados. Las capacidades y posibilidades del puerto de Algeciras sería la opción más eficiente. La lógica económica obliga a pensar en efectos más globales -en nuestra región o país- no en nuestro pueblo.

Continúa el gasto demencial en infraestructuras de transporte. Es una barbaridad gastarse nada menos que 3o millones de euros en esto de la rotonda del AVE en el Pueblo de Almodóvar.

“No es de recibo que el Gobierno central destine 30 millones de euros en mejorar una infraestructura que ya existe y se olvide de las demandas de numerosos ciudadanos, cuyo coste sería inferior. Pero, una vez más, el Gobierno central vuelve a diferenciar entre ciudadanos de primera y de segunda”, concluye la regidora.

Ya se va sabiendo más de los fondos Juncker y parece que van a ser para los tipos de inversiones que les interesan a las grandes empresas y que realmente crean muy poco empleo.

Destino de los fondos. No serán asignados por cuotas nacionales, sino en razón de la adecuación de los proyectos, de su viabilidad y rentabilidad esperada. Serán, mayoritariamente, proyectos de “infraestructuras estratégicas”, lo que significará conexiones energéticas y de transporte, y de banda ancha. Potenciadores de la productividad y de la conexión transfronteriza en el seno de la UE.

Recordamos en Andalucía los derroches de la Junta de Andalucía en AVE donde se destinaron 279 millones de euros al tramo de alta velocidad entre Antequera y Marchena(Sevilla) que no sirve para nada. Tal como escribe Manuel Planelles esta obra se financió a través de un prestamo ya en 2009, ya bien desarrollada la crisis:

En junio de 2009, cuando el crédito empezaba a escasear, la Junta suscribió un préstamo de 200 millones con el Banco Europeo de Finanzas para financiar este tramo. Gracias al crédito se construyeron más de medio centenar de viaductos y puentes, además de la plataforma de 77 kilómetros sobre la que se deberían colocar las vías y catenarias.

En abril del 2009 había sido nombrada Rosa Aguilar consejera de Obras Públicas.

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