Viene destacando el periodista Aristoteles Moreno Villafania a lo largo de los años por su defensa en Córdoba de la movilidad sostenible con columnas donde recoge el sentir de los peatones sobre todo, aunque lo veo muchas veces moverse en bicicleta por la ciudad. En este blog he colocado muchas de las columnas de Ari: peatonalística, la Odisea del Peatón en Córdoba, etc

Su columna del pasado viernes sobre la invasión del espacio público por los veladores es muy buena, me ha dado permiso para reproducirla.

 Aris Moreno.

Veladores.

Una cosa es la normativa de veladores y otra muy distinta la vida misma. Sobre el papel tenemos un mundo regulado, que da a la cafetería lo que es de la cafetería y al peatón lo que es del peatón.

Pero sobre el terreno se nos viene encima un caos acojonante donde el pez grande se come al chico, los bares se apropian del espacio público y el vecino corriente y moliente tiene que buscarse la vida para atravesar la jungla. Por ahí no ha cambiado mucho el planeta en los últimos milenios. Demasiadas normas y poco tomate ketchup.

Bar Bodega en calle Villaceballos

No hace mucho leímos una noticia muy divertida en la prensa. Venía a decir que la Gerencia de Urbanismo iba a iniciar un proceso de regulación de los veladores de la Corredera. La Corredera, por si usted no lo sabe, es el paradigma universal de la selva urbana. El viva la Pepa del ordenamiento de terrazas y boquerones en vinagre. Quiere decirse que si usted busca en la Wikipedia la voz «jungla» le saldrá en primer lugar esta extraordinaria plaza reconvertida en capital mundial del exceso. Luego vendrá lo que venga.

Pues bien: la Gerencia de Urbanismo dice haberse propuesto regular el océano tempestuoso de veladores y flamenquines con patatas fritas que azota la Corredera desde hace años. La iniciativa resulta francamente interesante si no fuera porque el asunto está regulado ya en un mar de reglamentos y planes de uso que deben dormitar en alguno de los cajones municipales del Consistorio.

Otra cosa no, pero normas tenemos. Por un tubo. El problema es conciliar las normas con la vida misma. La letra con la música. O sea: que las normas se cumplan. Que no tenga que venir una asociación de vecinos o un colectivo de defensa del peatón a poner el dedo en la llaga de esta deriva ingobernable de mesas y sombrillas de verano.

A decirle al concejal, en definitiva, que aplique las ordenanzas que él mismo ha puesto en circulación.

Hemos traído la Corredera como ejemplo igual que podríamos haber usado decenas de plazas o calles de la ciudad. El crecimiento salvaje de veladores se encuentra desde hace años fuera de control, al modo en que en el Amazonas progresa la vegetación tropical sin restricciones. Y en lugar de sacar la podadora y abrir pasillos transitables para la gente se sacan las ordenanzas municipales y se crean nuevos reglamentos.

Las normativas y las disposiciones urbanas crecen en proporción al número de veladores en los pasajes peatonales. Diríase que son dos fenómenos que caminan de la mano. Las normas y los veladores. Si no puedes frenar la selva urbana promulga ordenanzas municipales, parece querernos decir el concejal del ramo. Y ahí tienen ustedes las terrazas y las leyes proliferando a la velocidad del vértigo.

Tienen, por ejemplo, esa normativa tan tierna que obliga a los bares a exhibir un croquis sobre su terraza disponible. ¿Ha visto usted alguno?

Nosotros tampoco. Esa disposición dejaría a las claras que la mayoría se apropia de un suelo público que no le corresponde y la policía no es tonta. Lo importante, según se ve, es que la patraña del croquis figure en el reglamento y si no se cumple se hace otro nuevo.

Pero no se alarme, estimado contribuyente. No venimos a declarar la ley seca. Nos seduce un vermú con hielo tanto como a usted.

Lo que nos asombra es esta incontinencia normativa y esta promiscuidad de veladores que no presagian nada bueno.

Anuncios