En esto están todos los parlamentarios andaluces  de acuerdo en dar un mal uso de las instituciones públicas. Que poca credibilidad de los parlamentarios votando todos a favor de usar el senado para que un político no proteste.

Otra noticia también indica que toda la corporación de concejales del Ayuntamiento de Córdoba están contentísimos del nombramiento de senador.

Muy oportuno también este articulo de  Jose Luis Casas, efectivamente el proyecto de Susana Diaz no es creible con acciones como la que vemos de nombrar a alguien senador para largarlo del ayuntamiento.

Por cierto otra política amortizada y a la que han colocado en el senado es Fuensanta Coves. Tiene narices que a los becarios de Investigación de la UCO, normalmente con doctorado y un expediente de notas brutal, la Junta no les haya renovado la beca y hayan acabado en el paro y sin cotizar y a JP Duran le hayan averiguado ya un futuro lujoso.

Los cambios a la hora de designar a los senadores nos conducen a pensar que no se tienen en cuenta criterios basados en la competencia de los aspirantes ni por supuesto en la defensa de los intereses generales.

Los ciudadanos deberíamos ser informados acerca de las razones por las que alguien llega a ser senador por voluntad de nuestros representantes. Por otro lado, de acuerdo con el Estatuto de Autonomía andaluz, en su art. 106, entre las funciones del Parlamento se halla la de designar a “los senadores y senadoras que correspondan a la Comunidad Autónoma”. Dado, pues, que se trata de una competencia parlamentaria, me extrañó leer en este diario el pasado sábado las palabras del aspirante a senador cuando decía: “Espero responder a la confianza y expectativas que la Presidenta ha puesto en mí”.

De donde se deduce que todo depende de la voluntad de quien preside el ejecutivo, procedimiento por tanto algo extraño y que aleja a los partidos políticos, una vez más, de un funcionamiento democrático (José Luis Casas).

Octavio Salazar lo señala y resume muy bien en su artículo en Diario Córdoba:

Solo desde el asombro, y la consiguiente indignación, es posible explicar la abstención del grupo socialista en la votación que hace unos días tuvo lugar en nuestro Ayuntamiento en torno a la titularidad de la Mezquita. Incluso contradiciendo las declaraciones de Susana Díaz, así como la de otros representantes socialistas cordobeses, los concejales no quisieron posicionarse y se dejaron llevar por la lógica cobarde del que en vez de los principios se guía por la conveniencia.

Octavio Salazar en la presentación de un libro.

Un posicionamiento difícil de entender por todos los que entendemos que la izquierda debería tener un compromiso militante con la laicidad del Estado y que debería dejar de ser de una vez por todas la cómplice de la confesionalidad encubierta que sigue dándole alas a la Iglesia Católica. Sería interesante que el grupo municipal socialista nos explicara a los miles de cordobeses y no cordobeses que apoyamos la titularidad pública del edificio las razones que les han llevado a escurrir el bulto.

O al menos, y aunque sean complicados de entender, los motivos electoralistas o de oportunidad política que justifican esa cobardía, la cual no ha sido más que un paso más en la suma de despropósitos con los que el partido parece empeñado en convertirse en una fuerza marginal en nuestra ciudad.

Aunque a estas alturas deberíamos estar curados de espanto, y de manera prácticamente paralela a la vergonzosa actuación municipal en torno al debate sobre la Mezquita Catedral, no ha dejado de sorprendernos también a algunos que como premio al fracaso electoral y al progresivo deterioro del partido en Córdoba su principal líder haya sido elevado al limbo del Senado. Una demostración más de la urgencia con la que deberíamos prescindir de una segunda cámara convertida en inútil cementerio de elefantes pagado con nuestros impuestos. Al tiempo que constatamos por enésima vez que mientras que la política siga entendiéndose como una profesión y no como un servicio público, solo podremos disfrutar de un simulacro de democracia.

El “vasto” currículo profesional del flamante nuevo senador, unido a su “exitosa” trayectoria como gestor de un partido del que han ido huyendo todos los que no comulgaban con su liderazgo, son la prueba más evidente de qué cotiza más entre los lodos de la partidocracia que sufrimos. Un argumento más que debería arañar como mínimo nuestro corazón de mujeres y hombres convencidos de que la democracia no es solo un conjunto de reglas sino también una ética y hasta un modo de vida. Una manera de organizar el ejercicio del poder teniendo como referente el interés común y no los intereses egoístas de los que se suben al carro de la política porque tal vez no estarían capacitados para manejar otros carros. Frente a estos individuos que tanto mal están haciendo a la salud del sistema, los ciudadanos no solo tenemos el arma poderosísima de los votos sino también la posibilidad de alzar nuestra voz pública frente a tanto desatino. Porque de este desastre no solo son responsables los sujetos activos del mismo sino también todos los que se callan y otorgan, sembrando la duda de que tal vez también ellos forman parte del mismo círculo vergonzoso de intereses.

Anuncios