Hoy Diario Córdoba publica una carta al Director de Rafael Luna Murillo en respuesta a la columna de José Manuel Ballesteros sobre Manolete, la visión contemporánea de los derechos de los animales y las insinuaciones sobre pintadas. La polémica comienza.

Mi respuesta a Ballesteros fue un comentario: “Jose Manuel si hablamos de contexto histórico Gaspar Melchor de Jovellanos propugno la prohibición de los crueles festejos con toros y los reyes algo ilustrados que tuvimos las prohibieron: Carlos III en 1771 y Carlos IV en 1805. O sea que previamente a la época de Manolete ya existía en España y en toda Europa un clima de opinión en defensa de los derechos de los animales y de dar menos pan y circo al pueblo. No estamos inventando nada nuevo en el siglo XXI.

Ya dediqué un post a las subvenciones públicas que en tiempos de crisis concede la Delegación de Cultura del Ayuntamiento al aniversario de Manolete. Más abajo la carta de Rafael Luna.

Manolete, si no sabes torear ‘pa’ qué te metes.

Este pasodoble lo entonaban los aficionados seguidores de Carlos Arruza, competidor pero amigo de Manolete para ridiculizarlo. El señor Ballesteros se ha equivocado o ha cometido libelo al decir que los destrozos en las esculturas a Manolete las han cometido personas a las que no les gustan los toros y a las que se las ha llegado a calificar de terroristas desde instancias taurinas. Me gustaría saber cómo calificaría la pintada con la efigie del matatoros puesta en la pared de la Cuesta del Bailío (patrimonio cordobés) y a quién se la atribuye. Seamos justos con la historia y con las personas. Manolete no nació torero porque no hay un gen que se lo determinara, ni tampoco para ninguna otra profesión o afición. Se hizo torero en el ambiente que le tocó, próximo a un matadero donde se ensayaban las puntillas y se lidiaban las reses (ahora totalmente prohibido por normativa). Sus conciudadanos lo alzaron a la gloria y alcanzó prestigio social suficiente para estar donde le corresponde. Ese fin de morir como torero lo consiguió gracias a la afición que lo adoraba por representar lo que ningún otro ser humano se atrevería a hacer. Por eso, amar y matar se confunden y en la tauromaquia amar a los toros es provocarles la muerte agónica tras larga tortura.

Se dice que el que no conoce su historia está condenado a repetirla. En Córdoba conocemos la historia de Manolete pero seguimos repitiendo los errores, sobre todo con los toros. Esa época pasó como bien dice y quedará en el museo, los escritos y en los monumentos de la ciudad. Ahora toca ver el presente y el futuro que pasa por un mejor trato a los animales que es lo que quiere la mayoría. El que sea usted un escritor popular solo puede indicar que le aplauda los gustos y las aficiones al alcalde que puede le corresponda nombrándolo cronista excelso de la ciudad.

Barrio de Santa Marina.

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