Libro de George Basalla.

Libro de George Basalla.

Si la tecnología existe primordialmente para surtir a la humanidad en sus necesidades más básicas, hemos de determinar precisamente cuáles son estas necesidades y qué complejidad tecnológica se precisa para satisfacerlas. Cualquier complejidad que vaya más allá de la estricta satisfacción de las necesidades podría considerarse superflua y debe explicarse por otros motivos distintos a la necesidad.

Al supervisar las necesidades y técnicas esenciales para los seres humanos, un comentador moderno podría preguntar: ¿necesitamos automóviles? A veces se nos dice que los automóviles son absolutamente esenciales, pero el automóvil tiene apenas un siglo de historia.

Los hombres y mujeres conseguían llevar una vida plena y feliz antes de que Nikolaus A. Otto inventara en 1876 su motor de combustión interna de cuatro tiempos. La indagación de los orígenes del vehículo propulsado con motor de gasolina revela que no fue la necesidad lo que impulsó a sus inventores a completar su tarea.

El automóvil no se desarrolló en respuesta a una grave crisis internacional relacionada con el caballo o a la escasez de caballos. Los líderes nacionales, pensadores influyentes y editorialistas no estaban demandando una sustitución del caballo, ni tampoco los ciudadanos de a pie esperaban ansiosamente que algunos inventores llenaran alguna vez la grave necesidad social y personal del transporte motorizado.

De hecho, durante la primera década de vida, de 1895 a 1905, el automóvil fue un juguete, un capricho para los que podían permitirse comprarlo.

El camión fue aceptado aún más lentamente que el automóvil. El éxito del transporte militar por camión en la primera guerra mundial, unido a una intensa presión por parte de los fabricantes de camiones y del ejército después de la guerra, determinó el desplazamiento del carro tirado por caballos y, en fecha posterior, del ferrocarril.

Pero el camión no fue creado para superar las obvias deficiencias del tiro por caballo y por máquina de vapor. Como sucedió con los automóviles, la necesidad de camiones surgió después, y no antes, de inventarlos. En otras palabras, la invención de los vehículos dotados de motores de combustión interna dio lugar a la necesidad de transporte
motorizado.

(La Evolución de la Tecnología, George Basalla)

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