El pasado domingo me encontré con Cristina, profesora de Matemáticas de instituto. Me comentó que estaba superjodida, debido a un atropello que habían sufrido ella y dos amigas más en un paso de cebra de la calle Doctor Fleming. Les embistieron a las tres con un coche y salieron lanzadas cinco metros.

El conductor huyó y cuando lo localizaron y le hicieron la prueba de alcoholemia la tasa de alcohol estaba justo por debajo de lo que es delito, probablemente debido al tiempo transcurrido. Cristina estaba muy jodida de las cervicales, tenía que andar para que sintiera alguna mejora y sufría un proceso de ansiedad brutal.

Mientras ella y sus dos amigas estaban sufriendo horrores, el autor de la violencia vial andaba por ahí suelto. Me acordé de las palabras de Rojas Marcos en una reunión sobre seguridad vial:

Cada día tenemos menos tolerancia a la violencia y cada día tenemos menos tolerancia hacia la violencia en el tráfico, la violencia que utiliza el automóvil como arma. En Nueva York, hace unos años, cuando empezó de alcalde Giuliani, que empezó en el año 1994, salió una nueva ley donde se consideraba al automóvil un arma.

De forma que, si alguien conducía en la ciudad de forma temeraria y lo detenían, le quitaban el automóvil porque era un símbolo de arma. Le quitaban el automóvil y luego el hombre o la mujer tenían que ir a juicio. Pero de momento ese automóvil no se utilizaba.

Luis Rojas Marcos, octubre 2007

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