He dedicado en este blog varias entradas al recorte de fondos que han sufrido las bibliotecas públicas dependientes de la Junta de Andalucía: recortes en horario en verano y ausencia de fondos para comprar novedades.

Podeis encontrar bastante información en el post dedicado a la netrevista que mantuvimos en septiembre con Ramón López, el delegado de Cultura de la Junta y con Francisco del Río, el director de la Biblioteca Provincial de Córdoba.

Se denunció en los periódicos  el brutal cierre por las tardes en verano durante tres meses. Se convocaron concentraciones de protesta en la Biblioteca de Córdoba de la calle Amador de los Ríos y se repartieron folletos de mano a los usuarios.

Este fin de semana he leído un artículo de Manuel Rodrigues Rivero en Babelia titulado “El Origen del mundo” donde se reivindica que hay que luchar contra las amenazas que se ciernen sobre las bibliotecas públicas.

“Las bibliotecas, que tanto han mejorado en los sucesivos Gobiernos de la Democracia, deberían quedar al margen de la crisis, aunque sea por la razón de que siempre dan más a la sociedad de lo que de ella reciben. Y, sin embargo, ahí las tienen, zarandeadas por los recortes como si se trataran de un lujo prescindible, de un capricho ciudadano, de una verbena superflua en la que se ha gastado demasiado.

Los Gobiernos neoliberales estatales y autonómicos (los de iure y los que de facto practican sus políticas) han disminuido las partidas presupuestarias a ellas destinadas, afectando al personal, a la renovación y compra de materiales, a las actividades comunitarias que allí se realizan, a su salud institucional. Los recortes a las bibliotecas atentan contra el derecho de todos a la información y a la educación, a la igualdad de oportunidades, a la formación y consolidación de los valores democráticos.

En estos momentos en que se multiplican las amenazas contra las bibliotecas (incluyendo la subcontratación y privatización de determinados servicios, la restricción de horarios, los despidos de personal interino y el préstamo de pago), nuestro deber como ciudadanos es reivindicar con decisión la biblioteca como ámbito comunitario.

Sobre todo ahora, cuando el señor Wert (¿recuerdan aquellas tertulias preelectorales en que se producía como un moderado socialdemócrata?) se muestra tan proclive a aumentar las ayudas destinadas a la “fiesta nacional” y no tanto a facilitar la vida a las bibliotecas transferidas. Por lo demás, se echa de menos entre nosotros la publicación de estadísticas agregadas (las hay parciales) en lo que respecta a los libros más demandados por los usuarios.

El Public Lending Right, el servicio que controla los derechos que se devengan a los autores por el uso de copia privada, acaba de dar a conocer la lista de los 100 títulos más prestados por las bibliotecas del Reino Unido. En la muestra se aprecia una aplastante presencia de la novela de género sobre la ficción literaria y la no-ficción.

El libro más solicitado en 2011 (da gusto la prontitud con que allí se suministran los datos) fue El símbolo perdido, de Dan Brown, aunque la palma se la llevan las 17 novelas de James Patterson incluidas en la lista, que se prestaron a 2,3 millones de usuarios. Patterson, cuyo último editor en España es Ediciones B, es un autor de thrillers protagonizados por el detective-psicólogo Alex Cross, y que se caracterizan por su fácil legibilidad, a base de capítulos cortos y frases de estructura sencilla. Nada que ver con James Joyce, desde luego, pero eso no es culpa de las bibliotecas.

Apuesto a que si aquí dispusiéramos de una encuesta parecida, entre los primeros puestos encontraríamos a María Dueñas, que al lado de Patterson —puedo asegurárselo— es una especie de Marcel Proust.

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