Huertos urbanos en solares vacios por la Crisis Inmobiliaria.

Huertos urbanos en solares vacios por la Crisis Inmobiliaria.

En una entrada anterior titulada “Rincones de Biodiversidad” pensaba que todos estos solares que hay abandonados por las constructoras en mitad de la ciudad de Córdoba podrían reconvertirse en huertos urbanos.

Me encuentro un artículo en el Diario El Público donde se muestra la iniciativa de unos vecinos que han hecho un huerto urbano en un solar abandonado y como el banco BBVA les ha impedido seguir con él.

A Continuación hago un extracto de la información publicada en este artículo:

El BBVA impide a una asociación de vecinos que cultive huertos urbanos en un descampado de su propiedad.

La estampa se repite desde hace un mes y medio. Es la respuesta del BBVA al intento de los habitantes del barrio de Benimaclet de hacer huertos urbanos ecológicos en un solar que es propiedad del banco. Antes, fue de un promotor que lo perdió por impago.

El terreno está justo al lado de las últimas viviendas de la ciudad y hasta hace seis años albergaba una alquería del siglo XVIII y huertos en plena producción. Ahora, es uno de los innumerables descampados en los que se convirtió parte de la huerta de las ciudades mediterráneas por culpa del boom de la construcción y la crisis económica.

Hace un año y medio, la asociación de vecinos elaboró un proyecto para “rehabilitar y dar un uso social al suelo arrasado por la burbuja inmobiliaria”, explica el presidente, Antonio Pérez. Se trataba de recuperar la huerta, añadiéndole un valor lúdico. A la idea se apuntaron 300 personas y otras 30 en lista de espera.

Se planearon 60 pequeñas parcelas. La más grande es para el colegio público del barrio. Las demás, para “familias, jubilados, antiguos labradores, hijos y nietos de labradores, parados, universitarios y diversos colectivos”, añade Pérez. El terreno lleva años a la espera de que se ponga en marcha el plan urbanístico correspondiente y está devorado por la degradación: “Hasta un muerto en una maleta nos tiraron una vez”, ilustra el portavoz. Entre todos se gastaron 10.000 euros en acondicionarlo y recuperar las canalizaciones de agua, con el apoyo de los regantes de la acequia cercana, la de Mestalla.

Los vecinos encontraron también el respaldo del Ayuntamiento. Todos los partidos aprobaron en octubre una moción en la que se comprometían a impulsar el proyecto. En ella, el Consistorio propuso un “convenio de cesión” para garantizar la propiedad del BBVA y sus “intereses urbanísticos reconocidos”. No habría “ningún retraso en (…) la posterior urbanización de los terrenos”. Además, el espacio elegido para recuperar la huerta está destinado a albergar un parque, según el plan urbanístico ya redactado.

Todo estaba, pues, aparentemente resuelto. Sin embargo, todavía no hay hortalizas en esa tierra, sino vallas y un vigilante distinto cada seis horas. Es la manera elegida por el BBVA para dejar claro que, de momento, no permite que se trabajen sus terrenos.

El banco llevó su oposición hasta lo que los vecinos entendieron como una humillación. En enero, la entidad tiró escombros sobre la tierra ya preparada para sembrar. Sobre los caballones se arrojaron grandes piedras, y tierra en las canalizaciones de agua.

El conflicto sigue y cada sábado hay un nuevo capítulo. Los vecinos llegan, enrollan cuidadosamente la valla y se ponen a limpiar el terreno. El vigilante llama a la Policía. Esta acude, identifica al portavoz de los labradores y les deja hacer “mientras no haya actos vandálicos”, explica Pérez. Cuando los vecinos se van, “a las dos horas” la valla está repuesta. “Es una ilegalidad contra otra ilegalidad”, destaca el portavoz, ya que la cerca levantada por el banco no tiene licencia municipal, según confirma el propio Ayuntamiento.

Hay, además, acciones de protesta. Los vecinos proponen un boicot contra el banco, consistente en que los usuarios cierren cuentas bancarias. Los niños del colegio han escrito una carta al presidente del banco, Francisco González. La asociación no está dispuesta a ceder. Creen que la batalla va mucho más allá de su pequeño huerto: “El miedo del banco es que el ejemplo cunda. En Valencia otros cuatro barrios están esperando a ver si esto nos sale bien”. Sería, concluye Pérez, el precedente para que otros muchos vecinos recuperaran la huerta que la burbuja inmobiliaria convirtió en solar.

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