Nucleares.

Magnifico libro sobre la trayectoria de Pedro Costa donde durante casi 600 páginas nos cuenta en primera persona su trayectoria como ecologista involocrado en diferentes frentes: el surgimiento del movimiento antinuclear español, la defensa del litoral y finalmente la influencia de los Campos electromagnéticos producidos por diferentes fuentes de emisión.

Una lectura ideal para este verano donde enterarnos de la historia del movimiento ecologista desde el franquismo hasta nuestros días. Imprescindible para conocer la presión de las grandes empresas energéticas sobre el territorio y sus gentes y la connivencia de muchos partidos políticos, alcaldes, técnicos, etc.

Resulta increíble pero uno comprueba en el libro los proyectos tan demenciales de centrales nucleares que se proponían en aquella época: “Las centrales previstas en Tarifa y Almonte nucleares para el Estrecho y Doñana. En Tarifa se quiso instalar la primera de las tres nucleares solicitadas por Sevillana de Electricidad. Las otras serán las de Almonte (Huelva) y la de Valdecaballeros (Badajoz), ésta compartida con Hidroeléctrica Española. En los tres casos cada central disponía de 2 reactores.

El lugar elegido era la ensenada de Bolonia, al poniente de Tarifa, en una finca llamada El Lentiscar junto a las ruinas de Baelo Claudia. La solicitud se publicó en el BOE de 14 de diciembre de 1973. El emplazamiento en Bolonia chocaba tanto que hasta el pronuclear diario ABC dudaba de la conveniencia del sitio para poner una nuclear en 1977 la central de Bolonia se completaba en el mismo arco suratlántico con la de Almonte situada en los mismos límites del Parque Nacional de Doñana.

La Central de Lemoniz, construyéndose en un emplazamiento que en el semicírculo de 20 Kilómetros en torno a la central se ubicarán 1.200.000 personas y además se estaba construyendo de forma irregular, sin autorización ministerial y en un suelo cuya calificación era verde y parque no industrial. Irregularidades todas consecuencia de la prepotencia de Iberduero y del servilismo de las autoridades.

José Allende mantuvo la iniciativa de denunciar todas estas irregularidades, así como la imposibilidad de garantizar la evacuación en caso de emergencia. En 1979 el Consejo de Ministros recalifica el terreno a industrial, una evidente sumisión del gobierno a Iberduero.

Luego en diciembre de 1981 el pleno del Parlamento Vasco por 28 votos a favor (PNV; UCD y AP) convalidó la autorización para construir la central.

Un acontecimiento funesto fue la muerte de la ecologista GLADYS DEL ESTAL por disparos de un guardia civil en una manifestación en Tudela el 3 de junio de 1979.

En 1981 la situación en Lemoniz era tal que la empresa Iberduero decidió abandonar las obras y cerrar la central.

Tanto el gobierno central de Madrid como el gobierno vasco (y el PNV) insistieron en que había que continuar aunque fuera con alguna fórmula empresarial mixta donde el capital público colaborara, manteniendo Iberduero la propiedad.

El Parlamento Vasco tuvo el papel de comparsa inútil en todas las iniciativas, aunque permitió visualizar que el PNV y la derecha estatal (UCD más AP) se decantaban por la continuación de las obras. En la primavera de 1981 el gobierno vasco con Garaicoechea como primer lehendakari volvió a pedir el referéndum y a insistir en la absoluta necesidad de Lemoniz. El referéndum recibió el no formal de Leopoldo Calvo-Sotelo enero de 1982.

En noviembre de 1982, una vez ganadas las generales por el PSOE, las fuerzas de seguridad del estado se hicieron cargo de la seguridad de la central y en mayo de 1983 se impuso la decisión del gobierno socialista de imponer la moratoria a cinco reactores con autorización de construcción (incluyendo los dos de Lemoniz) lo que garantizaba a los propietarios la recuperación de la inversión.

Sobre que las centrales nucleares usan una energía autoctona. La independencia del recurso natural otra invención sin fundamento. Actualmente después de cerrarse las minas de uranio y la propia fábrica de concentrados de Ciudad Rodrigo, Juzbado, la planta de combustible, es el único eslabón del ciclo de combustible nuclear de que dispone España, lo que no impide que tanto el gobierno como el lobby nuclear consideren que la energía nuclear es nacional cien por cien.

La bomba de Palomares: “Comportamientos cobardes y mendaces que correspondían a la comunidad de intereses entre el abuso imperial norteamericano y la sumisión del régimen franquista”. Posteriormente los responsables municipales de Cuevas, no dudaron en recalificar como urbanizables algunos de los terrenos afectados por el accidente nuclear.

El CIEMAT tuvo que admitir que los movimientos de tierra que conllevan los procesos urbanizadores podían realimentar la resuspensión de las partículas de Plutonio y en consecuencia, incrementar el riesgo e incorporación por inhalación. En 2004 el Gobierno se vio obligado a expropiar, ante la presión de los que querían urbanizar a toda costa en suelos revalorizadísimos, siete hectáreas para evitar cualquier movimiento de tierras y proceder a la eliminación del plutonio presente.

Más recientemente el Gobierno español ha expropiado otras 21 hectáreas de la zona para impedir que una promotora británica las urbanice. Estados Unidos anunció en 2010 que desistirá de hacer análisis médicos a los afectados dejando el marrón al CIEMAT, sin saber que hacer con el tóxico Plutonio que sigue pululando por Sierra Almagrera.

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