Ya se van notando los recortes en los presupuestos públicos y las subidas en los servicios para recaudar más. Un ejemplo: el último Consejo de Gobierno de la Universidad de Córdoba aprobó los precios del tren a Rabanales, el único tren de cercanías que funciona en la provincia de Córdoba, aplicando a los precios vigentes en el actual curso académico una subida equivalente al IPC interanual de abril.

Resulta que a los funcionarios públicos nos bajan el sueldo del orden del 5%, si eres titulado superior el 7% y para renovar el precio del tren se usa el IPC del +1,5%. Al final tenemos respecto al precio del tren una pérdida de poder adquisitivo del 6,5% como mínimo.

Pienso que la situación ha cambiado con la crisis y que no es lógico tomar como referente el IPC. Con la bajada de sueldos el utilizar el IPC como referencia puede carecer de sentido, si no se usa para actualizar los sueldos públicos por qué usarlos para el transporte público. Esta pérdida de poder adquisitivo se va a ir acentuando mucho a partir de julio pues siempre estará el argumento de que los servicios suben porque lo hace el IVA o porque lo hace el precio de la electricidad o el IPC. Vamos a entrar obligados en el decrecimiento.

De manera que se va a producir un efecto sinérgico bajadas de sueldo y subidas de los servicios tomando como referencia el IPC que van a dejar muy mermado el poder adquisitivo de los consumidores.

La bajada de la oferta de servicios en el ámbito cultural público también se está notando mucho. La Filmoteca de Andalucía ha dejado en el mes de junio de emitir películas los sábados por falta de presupuesto y la programación del mes de julio es raquítica con pocos días y una sola sesión, la de las nueve de la noche.

En el gran contenedor de Madinat Azahara han despedido a los dinamizadores de la actividad cultural y un centro en el que se gastaron la friolera de 20 millones de euros en su construcción se ha quedado sin contenidos.

Venimos observando que en los fines de semana desaparecen las actividades culturales, Córdoba se convierte en un páramo, en un cadáver, tanto para el turista como para el ciudadano de a pie. Pero no os enteráis que la gran mayoría de los cordobeses no somos parcelistas de fin de semana.