La inauguración de la nueva terminal del aeropuerto del Prat que quintuplicará la carga transportada, doblará el número  de viajeros anuales y operará 90 vuelos a la hora supone un desastre ambiental sin paliativos.

Todos los partidos que han apoyado la citada ampliación deben ser acusados de irresponsabilidad ambiental e insolidaridad con los países que ya sufren las consecuencias del calentamiento global.

Ampliar aeropuertos supone quemar más combustibles fósiles y por consiguiente, más emisiones de gases de efecto invernadero. Si seguimos por la senda de ampliar aeropuertos, el cambio climático no tardará en estar fuera de nuestro control.

Hay algo peor que un negacionista del cambio climático; es aquel que dice ser consciente del problema y actúa de la manera opuesta, en este caso nos referimos a José Luís Rodríguez Zapatero, que sigue considerando el cambio climático como una de sus principales prioridades y luego inaugura la ampliación del aeropuerto del Prat, concede subvenciones para la compra de automóviles y potencia las infraestructuras.

Sus decisiones  nos alejan más del protocolo de Kyoto o del futuro acuerdo que se suscriba en Copenhague el próximo diciembre. La nueva Terminal T-1 del aeropuerto de Barcelona un monumento más del oximoron Zapatero, tiene capacidad para generar tope de emisiones de CO2 de 30 millones de pasajeros, 12.000 plazas de aparcamientos para promocionar las emisiones cochistas y su inversión supera los 1200 millones de euros que podrían haber sido destinados a la movilidad sostenible.

Para más INRI añade una coletilla en el anuncio publicado a toda página en la prensa por el Ministerio de Fomento: “Terminal Respetuosa con el Medio Ambiente”.