Hoy domingo 3 de agosto Rafael Arenas, técnico de la Delegación de la Consejería de Medio Ambiente en Córdoba, resume todo aquello que los Verdes venimos denunciando en Córdoba durante años.

Los árboles no pueden ser tratados como mobiliario urbano y lo inapropiado del diseño de las plazas duras.

Cultura arboricida

03/08/2008 RAFAEL ARENAS

La ciudad de Córdoba se encuentra situada en una latitud donde impera el clima mediterráneo. Los rigores estivales condicionan las actividades y el modo de vida de sus habitantes. El horario de trabajo se adapta a estas características y la famosa siesta es una adaptación a ellas. Ante temperaturas tórridas, el mejor acomodo posible es esconderse y entrar en una especie de letargo. Las construcciones antiguas estaban diseñadas para combatir el calor. Paredes muy anchas y techos altos mitigaban los efectos de las altas temperaturas.

En la actualidad, las construcciones han huido de este diseño donde los materiales solo buscan el cerramiento, la estética del diseñador y, en algunos casos, la economía. La solución adoptada para luchar contra el verano es la instalación del aire acondicionado, que insufla verdaderos vendavales de aire aún más caliente al exterior, es decir, los lugares por donde los ciudadanos se desplazan, pasean y los niños juegan.

Romanos y árabes entendieron esa relación de forma distinta, quizás por desconocer el uso de la energía como hoy se conoce y agudizar el ingenio para hacer más llevadera la vida en estos parajes. El urbanismo estaba diseñado para evitar los duros rayos estivales e hicieron un uso más inteligente de las zonas ajardinadas, donde utilizaron especies de porte arbóreo y arbustivo adaptadas al clima mediterráneo con pocas necesidades de agua y mantenimiento, e hicieron recorrer estas zonas por abundante agua procedente de manantiales naturales, mediante fuentes, acequias y canalillos. El efecto combinado de la vegetación con su sombra y el movimiento del agua suavizaba algunos grados centígrados la temperatura ambiente y hacían, por tanto, más confortable el hábitat humano.

Cada vez es más frecuente que en los distintos medios de comunicación aparezcan noticias relacionadas con el tratamiento que se le da a las zonas ajardinadas y los árboles de las calles y avenidas y jardines. Las podas abusivas abundan por doquier, que en muchas ocasiones además son realizadas cuando “la savia ya se está moviendo”, en primavera. Cualquier manual que se consulte nos mostrará que las mejores épocas para realizarla son aquellas en las que el árbol está como aletargado y está en parada vegetativa, fundamentalmente invierno y, a veces, el verano. En otras ocasiones, las denuncias o quejas son por la corta de árboles por remodelación de la calle, la avenida o de los propios jardines. Siempre les toca a los mismos. Además, en su lugar se instaura el hormigón, el granito y el asfalto, ambos con alta capacidad de almacenar calor, precisamente lo que no se necesita en estas latitudes. Parece haberse instalado una cultura arboricida, donde le hemos declarado la guerra al árbol y al arbusto. No se tiene en cuenta sus fisiologías y se ha abandonado o no se incentiva lo suficiente la instauración de estos en plazas, jardines, avenidas y calles.

Árbol talado en la reforma de la Plaza de las Cañas.

Cuando se remodela una zona ajardinada pierde espacio el arbusto y llega casi a desaparecer, disminuye la densidad de árboles y aumenta la superficie urbanizada y de césped que tiene grandes requerimientos de agua para su mantenimiento. El diseño de las nuevas plazas, en la mayoría de los casos, no tiene en cuenta los rigores climáticos del verano y son muy duras y climáticamente ineficaces. Cuando se construye una nueva zona ajardinada y se ha adoptado un modelo conceptual distinto, con presencia de especies arbóreas y arbustivas del monte mediterráneo, con un desarrollo más que aceptable y donde podían verse currucas capirotadas y cabecinegras y petirrojos entre otras especies propias de la sierra, y se había acercado esta fauna a la ciudad y los ciudadanos podían disfrutar de su presencia y cantos, se cercena esta posibilidad eliminando de cuajo la fase arbustiva compuesta fundamentalmente por lentiscos.

¿Qué ocurrirá cuando se concluya la segunda fase del parque de la Asomadilla, donde se pretende recrear el monte mediterráneo de la provincia? ¿Se simplificará la vegetación una vez instaurada y desarrollada? Este es el camino que han seguido todas las acciones innovadoras en el diseño de las zonas ajardinadas.

Se ha adoptado un modelo de jardín inglés donde únicamente se permite la existencia de árboles en una densidad baja para que la luz penetre hacia el suelo y permita el crecimiento del césped, gran consumidor de agua, en una ciudad de clima mediterráneo, si no se ha decidido antes hacer una plaza de hormigón y granito. Se debe modificar esta concepción y avanzar hacia un modelo conceptual más acorde con el clima que se soporta en la ciudad y más sostenible en cuando a la utilización del agua y la generación de microclimas que hagan más agradable la utilización de las avenidas, calles y plazas por el cordobés, donde pierda espacio el hormigón y lo gane la planta. Quizás para ello sea necesario que todos los agentes sociales y fuerzas políticas suscriban una especie de Pacto por el Árbol Urbano para establecer una hoja de ruta y conseguir una ciudad mucho más sostenible y habitable en período estival. Si se quiere una Córdoba cultural no debe olvidarse este aspecto.

Aquí había unos rústicos setos, flores y tierra refrescante hasta que llegó la remodelación urbana de Rosa Candelario.Esta foto es de la Avenida de Almogavares.

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