Cuando la tortura es “noble arte”


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El matador de toros Enrique Ponce es el primer torero que ha recibido el nombramiento de académico de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.

Es notorio que en casi 200 años de existencia de la Academia y con tantas figuras del toreo que han pasado por la geografía cordobesa, sea precisamente ahora cuando a la actividad de torear se le de el título de “noble arte”.

Ahora, que los datos indican que han descendido el número de peñas taurinas y el de aficionados a las corridas de toros y por el contrario han surgido numerosas asociaciones que defienden los derechos de los animales ante la crueldad de algunas prácticas llevadas a cabo por los seres humanos.

Y es que las corridas de toros aunque legalmente consentidas, son éticamente cuestionadas por aquellos que sienten y piensan que los animales deben tener también el derecho a no ser maltratados y torturados.

Hecho que es recogido por la Ley de Bienestar Animal de la Comunidad Europea y en el que está exento el toro de lidia por motivos estrictamente políticos.

Es cierto que el buen aficionado no disfruta con el tormento y la muerte del toro, sino que aprecia el valor y maestría del torero.

Pero si se juzga una corrida de toros con objetividad, se observa que hay un cruel linchamiento de un animal acorralado e indefenso que tiene capacidad de sentir dolor físico como otro mamífero.

Esta brutal tortura se produce ante un público, que indirectamente utiliza el sufrimiento gratuito del inocente animal como medio de evasión y divertimento.

 

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En la plaza de toros se producen escenas de extrema violencia, de tormento y desprecio de los animales.

Una institución como la Academia Cordobesa debería incluir en sus principios junto a los de independencia y libertad, el de intolerancia al maltrato y el respeto a la vida de todos, incluyendo al toro y al torero.

 

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