La paradoja que define el mundo actual es que cada día dependemos más de la ciencia y la tecnología, cada día la ciencia sabe más cosas y no explica mejor el mundo, pero también cada día la gente siente menos aprecio por ella.

Viene un invierno lluvioso y frío y los tertulianos y todologos que escriben en los periódicos niegan el cambio climático. Fenómeno que está sustentado científicamente por las más importantes instituciones internacionales de investigación y que los tertulianos vuelven a atribuir a ecologistas y conspiradores. La teoría científica del Calentamiento Global está avalada por las academias de la Ciencias de EE.UU., Rusia, Francia, Alemania, China, Royal Society Británica Organización Meteorológica Mundial, ONU, etc.

Tenemos un panorama de jóvenes investigadores españoles más preparados que nunca y en los cuales estamos gastando cantidades ingentes en su óptima formación pero para los cuales no existe un puesto de trabajo consolidado y lo que les espera es un empleo precario de por vida o la huida hacía el extranjero.

El gobierno presenta la Nueva Ley de la Ciencia en pleno siglo XXI y origina protestas de todo tipo en el sector científico que la ve totalmente insuficiente para lograr una base innovadora que nos permita salir de la economía del ladrillo y de la crisis. Los divulgadores científicos también se quejan pues en un texto de la ley de más de 40 páginas sólo hay cuatro líneas dedicadas a la cultura científica.

Donde sí parece que triunfa la ciencia es en el ámbito del milagrerio con el llamado Cristo científico de la Hermandad Universitaria. Mis amigos escépticos se ríen de mi a cuenta de qué pinta la Universidad de Córdoba en medio de todo este batí burrillo de sabana santa, ciencia y de una imagen que parece sacada de una película de Mel Gibson.

El fomento de la ciencia en España debe ser una prioridad si queremos salir de la crisis.

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