
Hoy de campaña electoral por zona de dehesa, comenzamos en la plaza del Pozo, lugar emblematico de Pozoblanco.
De camino a los Pedroches observamos la dehesa muy seca, el cambio climático se nota.



El candidato, Victorio Dominguez, recibe el apoyo de Miguel Aparicio, el activista que lideró las movilizaciones en contra del Cementerio de los residuos en Los Pedroches.
Miguel Aparicio va en la lista de Los Verdes al Parlamento Andaluz.

Visitamos una tienda de productos ecológicos en el centro del pueblo.
Victorio comenta las iniciativas de Los Verdes para potenciar la agricultura ecológica y los comercios de productos ecológicos.



Por la tarde participamos en las jornadas la ciudad segun Rene Jacobs. Interesantes propuestas sobre una ciudad más humana y habitable organizadas por nuestra amiga Rosa Colmenarejo.
Felicidades, Rosa, por la ternura y rigor que le insuflas a todo.

Marzo 18, 2008 at 1:04 pm
Todo eso, Victorio, está muy bien. ¿Pero y la remolacha? ¿Qué pasa con la crisis de la remolacha? ¿Os habeis planteado la cuestión del hambre y los problemas de xenofobia y los jornaleros de los que plantean los subisidios en cuestión a la remolacha?
Abril 11, 2008 at 1:32 pm
Me vais a disculpar otra vez, pero es que es superior a mí. En esta otra antología de fotos de Victorio por la selva de los Pedroches, el candidato ha tenido el acierto de sustituir la rebeca por una cazadora más aventurera, tipo Miguel de la Quadra Salcedo. En la primera foto aparece con una niña totalmente desnuda y abrazada a un globo. Cuidado, Victorio, que en los tiempos que corren no está bien visto el tema. No sé qué quiere hacer la niña con el globo (prefiero no imaginarlo).
En la segunda (magnífica) foto Victorio arrastra su carrito bajo un sol escrupulosamente amoral, y con indudable gesto de estar ya hasta los cojones de bicicleta y carro. El girasol de plástico es el punto: destila una tristeza inconmensureble y remite al absurdo del absurdo.
En la tercera foto el candidato parece recobrar fuerzas y se enfrenta, cara a cara, al despiadado objetivo que lo retrata. El girasol sigue ahí, flácido y definitivamente deprimido.
Gerardo, amigo mío: eres atroz, careces de escrúpulos. Tal vez por eso te quiero tanto.
Abril 11, 2008 at 2:02 pm
Y es que hay una lujuria visual que (por ejmplo) Valle Inclán comprendió muy bien cuando escribió Luces de Bohemia.
Y es que el amor duele como un cuchillo.
Qué poca distancia hay entre la visión y la música. O entre lo dado y lo supuesto.
Así son las cosas.
Abril 14, 2008 at 10:03 am
Hay momentos estelares en la vida de las personas, instantes en los cuales un hecho en apariencia intrascendente desencadena un torrente de luminosidad transversal, momentos que marcan con un antes y un después la vida, y más allá de ese mágico momento se ve ya el mundo de otra manera. A mí me sucedió así cuando descubrí la abrumadora colección de fotografías de Victorio, sólo hay que picar con el ratón donde dice “Actos campaña”, y luego tirar hacia abajo: infinitas fotos del candidato, desde todos los ángulos posibles y en los lugares más insospechados. Cascada inagotable.
Esté donde esté (yo), en la calle o en la ducha, Victorio me persigue, a veces tengo miedo de que se me convierta en una obsesión, pero otras veces siento como una liberación absoluta, una paz que soy incapaz de describir. Al principio fue una liberación sexual: veía y sentía en cada foto algo descomunalmente obsceno, pero de una obscenidad sutil y deliciosa. Sus rebecas, el girasol, el carrito: todo me conducía al orgasmo. Ahora, en cambio, he sustituido en mi interior esa primera lectura por una interpretación más religiosa. Cada imagen del candidato está cuajada de símbolos numinosos, de parcelas de síes, de contradicciones escatológicas que me obligan a sospechar que la vida puede ser mucho más profunda y fascinante de lo que hasta, hace unos días, suponía.
Desde aquí quiero pedirle disculpas a Victorio, ya que de ninguna manera él es consciente de lo que ha desencadenado en mi alma. La culpa, en todo caso, es de Gerardo, pues él me conoce y sabe que soy un ser débil e impresionable.
Necesito olvidar que la belleza puede resultar, en ocasiones, atroz. Por ejemplo:
a). La foto donde aparece Victorio junto a una tienda, bajo el rótulo “Productos Ecológicos”. Sostiene el cartel de la niña impúdicamente desnuda y abrazada a ese globo tremendo, como si sostuviera un capote. Tauromaquia inconsciente que aflora o rumano que vende algo a los de la furgoneta de enfrente, reflejada en el cristal. O alegoría de la virginidad. Cualquiera sabe.
b). La foto inmediatamente posterior nos ofrece un primer plano del candidato tras un fondo cuidadosamente escogido por el fotógrafo. El rostro fenicio de Victorio en contraste con todos esos tarritos de aceitunas es impactante. ¿He dicho fenicio? No, micénico más bien. Son unas facciones muy hermosas que nos recuerdan a la máscara funeraria de Agamenón que descubrió Schliemann.
La realeza de ese rostro contrasta, de golpe, con el blenorrágico carrito de la hostia y el fálico girasol entristecido de otras muchas fotos. No hay derecho a eso, y Gerardo, sin ninguna duda, tiene la culpa.
c). Más abajo hay otra foto en la que el candidato lleva el globo pornográfico sobre un carrito de bebé. Esta vez Victorio no está solo, sino que se hace custodiar por dos rumanos, quizás los de la furgoneta. ¿Qué simboliza el globo sobre el carrito de bebé? ¿Qué retorcida metáfora pretenden sugerir?
d). En otra foto,en la Corredera, Victorio luce una especie de camiseta ajustada, y sobre la tetilla izquierda luce una pegatina. Lo acompaña una señora con una visera de dudoso gusto sobre la cabeza y con una expresión de estar harta ya de todo.
e). Pero estos brevísimos comentario no son más que la punta del iceberg de toda la colección fotográfica. Hay miles de interpretaciones, de contracciones, de posibilidades. Sólo puedo decir que necesito olvidarlas y pensar en otra cosa. Tal vez en la cosmopoética de la Rosaleda. A ver si así puedo descansar.