Febrero 16, 2008
La privatización permanente y definitiva del espacio público.
Posted by Gerardo Pedrós under Casco Histórico, Participacion Ciudadana, Urbanismo
Como he sacado en el blog en otras ocasiones, el Ayuntamiento “ocupa temporalmente” la vía pública con espacios privados (como veladores, chiringuitos para venta, etc.) o semipúblicos (como exposiciones, ferias, etc.) y esto sin tener en cuenta la opinión de los ciudadanos.
Más grave aún veo yo que haga “ocupación permanente y definitiva” (yo llamaría semiprivatización de espacios públicos de forma gratuita) con espacios públicos que cede gratuitamente sin consultar a la ciudadanía y además desoyendo las peticiones de parte de la misma que reivindican que no se pierdan estos espacios.
Me refiero a dos ejemplos (seguramente habrá más). Uno de ellos es le tema de la cesión a Córdoba Ecuestre de la Huertas de Caballerizas, para su disfrute (más de 28.000 metros cuadrados).
En este caso es la Diputación de Córdoba que a cambio de un plato de lentejas, la innovación en el solar de Colón para construir un parking subterraneo, cede a una sociedad privada, Córdoba Ecuestre, la gran superficie de Caballerizas.
El otro es la cesión al IESA de la plaza del mercado de San Basilio, que podían usar todos los ciudadanos y que ahora sólo podrá usar ese organismo. Van a derribar el edificio, que según Ocaña no tiene ningún valor (Tampoco estoy de acuerdo con eso), para que el IESA amplié instalaciones que sólo ellos podrán usar. Como vemos esto significa una pérdida de suelo de disfrute público.
Ahora además propone a los vecinos del barrio de San Basilio que cedan al Ayuntamiento el local de la asociación, colindante con el mercado, para que puedan construir un centro cívico que ven muy necesario en esta zona. ¿Cómo se queda el cuerpo?…
Abril 14, 2008 at 5:29 pm
El cuerpo se queda sin centros cívicos, paseando por Lavapiés, que es más instructivo y más absurdo. La calle Atocha ya ha quedado atrás, y paseo al anochecer imaginando que estás conmigo, Gerardo, calle Tres Peces abajo, hasta desembocar en el territorio de los africanos que huelen a dátiles y escupen a los chinos de la acera de enfrente. Senegaleses y chinos se disputan las esquinas, a veces se oyen gritos, insultos como besos, y hay juguetes de las tiendas a todo un euro que envenenan a los niños de Zapatero, nubes de permanganato y cirrosis en un cielo sucio de humo y lluvia. Y tú no estás, no bebes conmigo el vino asqueroso de la noche, no huyes de los rumanos que siempre te acosan para robarte cuando vienes a verme, no te sabe la piel a centro cívico, sino a vagina de rusa o a adolescente congoleña con el clítoris cortado de cuajo, hermosa, complicada multiculturalidad.
Lavapiés huele a periódico, a sangre menstrual, a arroz con leche, a cajero automático.
Es fácil ser feliz.